jueves, 25 de mayo de 2017

quiero algo nuevo

Quiero algo nuevo. No, en serio, no repitas nada. Quiero algo nunca dicho, y si es necesario, invéntate la palabra, o el color, o el sonido, o lo que sea, pero dame algo jamás pronunciado. Por otra parte, no me basta que sea nuevo: además quiero que tenga sentido, no me vengas con el guitarreo de los que adhieren a las ideas de vanguardia sólo por la efectividad del choque. Regálame una revelación, una sinapsis original, una aparición creadora, una manifestación, pero dame algo. Es que ya estoy tan abrumado por las obviedades, tan aburrido de los mismos actos de los hombres que por momentos me siento un clarividente en medio de esta humanidad predecible, aburridamente predecible. Conviérteme en novato o haz conmigo como hace el clima con los meteorólogos: déjame en evidencia. No quiero otra vez ni el mismo conflicto, ni el mismo error, ni el mismo amor. Yo, por lo pronto, espero atento; todos mis sentidos siguen vigilantes aguardando tu señal.

miércoles, 11 de enero de 2017

redundancia

Lo diré sin anestesia: me aburren las personas cuando centran su comunicación en la vida de sus hijos. La mayoría de mis amigos y conocidos lo hacen y ellos seguramente no se dan cuenta de ninguna de las dos cosas, ni de que monologan en exceso sobre sus herederos ni de que me cansan cuando lo hacen. Trato de escucharlos porque entiendo que para ellos eso es importante (no sus hijos -quienes son naturalmente importantes- sino el hablar redundantemente sobre ellos) y no es que peque de falso sino más bien de empático, pero en verdad me agotan.

Redunda el mar en su oleaje, el día en su nacer, la noche en su caer, el finito tic tac del corazón y el ritmo de tu respiración; repite la semilla su origen, la migración de ciertas aves, el hambre y el sueño. La naturaleza redunda afectuosamente reiterando ofrendas gratuitas en sus actos. Ojalá mis redundancias sean pocas o al menos te den argumentos de libertad.

domingo, 8 de enero de 2017

el mundo

Me pregunto qué tan sociales deberemos ser para no desaparecer, para no convertirnos en bestias o en dioses.

¿Qué clase de caricia podría adormecernos al punto de que sólo vivamos sin preguntar?

Quisiera que me enfrentes con tus argumentos y me destruyas.

sábado, 7 de enero de 2017

el Wincofón amarillo

Jandri también recibió alguna bicicleta por el Día de Reyes, aunque en realidad no era totalmente suya pues la economía de la casa imponía el compartir todo lo compartible con su hermana. La bici era tan grande que, o se sentaba o pedaleaba, y como además debía usarla con una mujer, no llevaba la barra superior del cuadro, lo que le producía sentimientos ambivalentes porque al mismo tiempo que estaba obligado a usar una bicicleta femenina (al menos era roja) también le permitía pedalear parado sin perjuicio de sus genitales. "-Ya vas a crecer" la habrían dicho sus padres, para justificar que no sólo la bici era varias medidas más grandes que su físico, sino también sus camisas, sus pantalones, sus calzoncillos, sus medias y sus zapatos. Notó que los Reyes Magos pensaban igual que sus progenitores en cuestiones de talles, lo que les otorgaba un aval recíproco. Como sea, aquel velocípedo no fue el regalo que más recuerda de esas fiestas. Su padre era un farmacéutico aficionado a la electrónica. Odiaba a su farmacia tanto como amaba a la electricidad y se pasaba la mayor parte del tiempo arreglando todo tipo de artefactos que la gente le llevaba: radios a transistores, licuadoras, despertadores, amplificadores, tocadiscos, grabadores y televisores, lo que significaba que en la casa del niño nunca faltaba tecnología en cortos períodos de prueba y así tuvo a su alcance electrónicos que jamás sus padres podrían haber comprado, excepto por aquel "Winco" amarillo que la Navidad había dejado un diciembre de los setenta. Jandri no dejaba de asombrarse por la magia detrás de la perfecta caída del vinilo negro de doble surco espiralado sobre el regular giro del plato y la delicada precisión con que se posaba en el lugar exacto el brazo con su diminuta púa. Y entonces, ¡hágase la música! Ahora podía escuchar todos los discos que tenían -que no eran pocos- y gozar de aquel regalo sabiendo que no desaparecería en corto tiempo como los otros. "Música en Libertad", "Mercedes Sosa", "Sui Generis", "Larralde", "Alberto Cortez" y "Tchaikovsky" formaban parte del variado repertorio; todo se escuchaba y se disfrutaba, claro que con gustos desnivelados repartidos según afectase a las inclinaciones de los oyentes de aquella familia. Pero la felicidad que trajo el nuevo artefacto duró -como se dice en mi pueblo- lo que un pedo en un canasto. A los pocos días, más precisamente en la mañana de Reyes, el "Winco" había desaparecido, lo que le revelaba al infante una primera contradicción: durante el sexto día del primer mes del año no desaparecen cosas, más bien aparecen. La inquietud transformada en queja no se hizo esperar y la respuesta que obtuvo fue la punta del iceberg que descubrió para aquel niño la escondida realidad evangélica. Necesitaba saber la verdad: "-El Wincofón se lo vendimos a tu tío para que se lo regale a sus hijas como obsequio de Reyes, pero tu papá va a preparar un mejor equipo para nosotros". Las palabras no son las exactas, pero eso fue lo que dijo la madre de Jandri como punto final del tema, lo que para él se tradujo en: "los Reyes Magos no existen, aún en tus fantasías estás arrojado a la realidad de la familia que te tocó en suerte". Sabía que Papá Noel no era real, ni siquiera estaba en la biblia y además conocía el secreto de su tía Hilda disfrazada de rojo y blanco cada noche del 24, pero los Reyes... ¡los Reyes Magos!. Jandri me mira, hace ademanes con sus manos, con su alma, no puede encontrar una palabra que exprese la fatal desesperanza que sintió cuando pensó en cual de sus dos mentirosos padres habría vaciado los recipientes que contenían el agua y la lechuga que él mismo había lavado para los camellos la noche anterior al suceso. Siempre los imaginó cansados, enormes, silenciosos. Suponía que se quedarían en el pequeño jardín y sólo los tres príncipes de oriente entrarían a dejar lo suyo cerca del árbol navideño, aprovechando la oportunidad de beber y comer algo en ese breve lapso de tiempo. Se preguntaba cómo llegarían hasta la casa sorteando el portón de acceso, o cómo harían para beberse y comerse todo en todas las casas en una noche, en alguna deberían dejar algo. No había claridad en las conclusiones pero tampoco preocupación, al fin de cuentas seguro que esos animales tendrían propiedades mágicas al igual que sus dueños. Recuerda resignado la indefensión experimentada al corroborar que tantas magias se habían derrumbado con un solo golpe, como quien implosiona un gran edificio. Delante suyo estaban las mismas hojas de lechuga fresca que imaginó como alimento de los mágicos camellos, ¡qué torpeza la de su madre el volver a guardarlas en la heladera, como si no las fuera a reconocer! ¡Todas las pruebas estuvieron siempre frente a sus narices, pero qué ceguera!
Ahora llega a su mente -así me lo cuenta- el intenso amarillo de la carcasa del tocadiscos y la gran mesa del comedor donde lo encontró apoyado por primera vez, esa que había construido su abuelo y que, de tanto rayarse, su padre había cubierto de oscuros e irregulares cerámicos, tarea en la que él mismo había contribuido, una gran mesa familiar que ahora su hermana había hecho desaparecer. Con los años comprendió que no fue la entrega del artefacto sonoro lo que lo decepcionó sino una nueva pérdida de confianza en quienes tenía delante suyo sin elección. Para su libertad, Jandri sabe que lo de los reyes no es la única mentira que por alguna razón no razonable, demasiados seres humanos de esta cultura siguen cultivando.

martes, 29 de noviembre de 2016

la vereda de mi casa

La vereda de mi casa
era de piedra irregular,
la cambié por cemento alisado
para un mejor transitar.

Dos geometrías de tierra
alteran su continuidad
para sembrar naturaleza
en toda su vastedad.

Primero planté lavandas
para aromar el espacio
pero unas manos rateras
se afanaron los herbáceos.

Un prolijo cesto de bolsas
coloqué en un sector,
y estacionando p'al orto
lo rompió algún conductor.

Varias veces al año
sembré fértil verdepasto,
mas las mierdas de los perros
cagaban, no daban abasto.

Los putos de los vecinos
son peor que lo peor
ojalá los cague un elefante
y eternice en ellos su olor.

Después vino "la muni"
chantó un cartel en el medio
¡cuidado, escuela cerca!
no le dan bola, es serio.

Desisto ya de hermosearla,
esquive la caca, y si atina
camine usted como pueda
y quéjese a la vecina.

La vereda de mi casa
está en todo su esplendor,
su aspecto es el que merece
este barrio cagador.








lunes, 28 de noviembre de 2016

católico fútbol

"Y para la raza conseguir el ejemplar del porvenir."
Antonio Botta

Las clases de gimnasia -como entonces se les decía- eran una paparruchada. Las opciones se reducían a dos: jugar al fútbol o nada. A Jandri le gustaba ir a la Villa Marista, el centro de actividades futboleras que los religiosos tenían algo alejado del instituto y el traslado siempre se hacía en un micro escolar. Rodeada de árboles en pleno crecimiento, era la cara opuesta al edificio central: naturaleza pura. Dos frescores recuerda de aquel lugar con asombro: el del agua saliendo interminable de los bebederos, la que sorbía agotado al acabarse el juego y el del olor de los eucaliptos, tan fresco como una sombra verde. Era tan mal jugador que padeció el bullying tempranamente (en la católica Argentina, el fútbol es dios). El trabajo del profesor consistía en elegir a dos alumnos como capitanes y luego cada uno de ellos iba conformando sus equipos eligiendo alternadamente y a viva voz a los jugadores restantes. Así como Jandri era siempre el primero en la fila escolar, aquí era irremediablemente el último. Sólo a veces alguno de los capitanes ejercía la práctica de la piedad cristiana y lo nombraba anteúltimo. Él sabía que era pésimo para controlar con sus piernas una esfera de cuero duro llena de aire: definitivamente no le interesaba, no lo practicaba y después de siete años de insistencia social, lo odiaba. Su puesto obligado en aquellos torneos escolares era el de defensor y de ahí le quedó la idea de que los jugadores que son la defensa en cualquier equipo han de ser los peores. Pocas veces corría como loco tratando de dramatizar algún interés en tan banal actividad, un poco como experimento físico y otro como agradecimiento a su líder por haberlo elegido aún como descarte. Cuando todos los jugadores estaban cansados de correr porque ya lo habían hecho durante casi una hora y si de casualidad estaba próximo al arco contrario, el buen capitán samaritano le pasaba la pelota a ver si hacía algo, pero Jandri, sobrepasado por la emoción del pase, rara vez le acertaba. Aprendió a los insultos que los saques desde fuera de la cancha se hacían por sobre la cabeza y aunque parecía una obviedad para todos, nadie se lo había dicho. Por otra parte -y no es que lo defienda- no debemos olvidar su miopía; dado que no podía jugar con los anteojos por el peligro que ello implicaba, sus habilidades se veían notablemente reducidas si se comparaban con las de aquellos arios futbolistas. Cuando podía optaba por nada y caminaba o se sentaba bajo los árboles con algún compañero el tiempo que duraba la clase. Fue ahí donde conoció las pequeñas bayas aromáticas que caían de los plateados eucaliptos, el colchón de la pinchuda pinocha y la pegajosa resina. Dice tener una foto interna del paisaje de pinos pequeños y el alambrado a los límites de aquella villa y su imagen se vela al recordar el momento de la partida cuando el profesor los llamaba para regresar a la escuela, o al pensar en aquella inaccesible casa blanca lindera al predio de juegos donde -según le contaron- vivían unas monjas autoclausuradas a quienes nunca vio. Mirándome canta impreciso la Marcha del Deporte que tantas veces entonó de pequeño, las notas se diluyen y Jandri vuelve al presente. Está por empezar la Copa Bridgestone Libertadores, entonces se pone las Nike flúo y sale a trotar un rato por la costa marplatense.


La Marcha del Deporte
1933
Música: Francisco Lomuto
Letra: Antonio Botta

En un marco de azul celestial
y al rayo solar
va la juventud.
En el pecho un soberbio ideal
y un ansia sin par
de goce y salud.
Una insignia en el corazón
un emblema como ilusión
y en el alma un deseo
de honor y de gloria
que vibra y es siempre emoción.

Luchar, en justa varonil.
Luchar con ansia juvenil.
Y para la raza
conseguir el ejemplar
del porvenir.
Luchar, luchar para triunfar,
luchar y nunca desmayar.
Alentando siempre
la esperanza de imponer
la divisa "Vencer y vencer".

Caballeros del juego hay que ser,
al campo a salir
con fe y con valor.
Adversarios que van a ofrecer
en brega gentil
ejemplo y vigor.
La confianza y la inspiración
del amor a una institución
ha de darnos aliento
y hacer que el esfuerzo
corone de gloria un campeón.

domingo, 27 de noviembre de 2016

la masacre

Un día Jandri se sacó. Era un niño de seis años y en esa época no estaba difundida la educación inicial, de modo que recién experimentaba lo que le ofrecía la gloriosa primaria privada argentina, estrenando su primer año de escolaridad. Asistió a una escuela impecable de impecables pisos, grandes ventanales y pupitres a la antigua, de madera sólida, de esos que aún conservaban el orificio para colocar el frasco de tinta y con un buche debajo del tablero rebatible para dejar los útiles que momentáneamente no se usen o como depósito de los envoltorios de las golosinas. Cada salón contaba con percheros suficientes para que todos los alumnos pudiesen dejar el saco azul marino del uniforme de gala y colocarse así un guardapolvo gris sobre la siempre presente camisa y corbata. El patio usado en los recreos estaba embaldosado y marcado regularmente con pequeños círculos blancos y amarillos de pintura; Jandri debió esperar a su primera celebración del 25 de Mayo para descubrir la función de aquellas huellas.
A los maristas siempre les gustó el orden, tanto que el niño temía no estar a la altura de las circunstancias. Llegar tarde lo vivía como una humillación y si eso pasaba, el enorme portón de madera y hierro se cerraba implacable y a esperar afuera. Para suerte de Jandri eso no le pasó muchas veces y cuando sucedió sus padres lo dejaron ahí solo con los otros pequeños impuntuales, total en esa época no robaban nenes. Su primer día de clases llegó tarde y eso le valió tener que sentarse en el último banco ya que todos los demás estaban ocupados, lo que produjo una consecuencia saludable si se quiere, pues su maestra detectó en poco tiempo que padecía de alguna discapacidad visual: las escrituras en el pizarrón eran para el iniciado estudiante una nebulosa, lo que luego determinó -aún con sus anteojos de miope y seguramente asociado a su escasa estatura- un abono de primera fila hasta el final de la primaria.
Octubre era el mes de María y no había lola. El único programa para la primera hora de clase de todo ese mes era honrar a la madre de Jesús y todos a la capilla. Los que se acordaban de llevar alguna flor formaban una orgullosa fila separada del resto del estudiantado acomodado en los bancos, y a la orden del religioso que siempre llevaba una sotana que alguna vez fue negra, y entonando "Venid y vamos todos con flores a María", la procesión caminaba rítmica hacia la estatua de yeso virginal para depositar allí su ofrenda, rito que daba inicio a la diaria ceremonia mariana. Participar de esa. la más de las veces, corta comitiva floral, valía por un lado para estar en la inestable lista de quienes merecerían participar del cielo tan perdido, evitando el infierno tan merecido y, por otra parte, ser también una especie de indulgencia para toda inconducta escolar a los ojos omnipresentes del hermano Víctor. Jandri aprendió que si en el claustro del conocimiento había orden, en el templo espiritual la disciplina era superlativa. En la escuela podías equivocarte en algo y había posibilidades de no ser descubierto por los humanos, pero en la iglesia eso era imposible porque dios observaba a todos al mismo tiempo, todo el tiempo.
En algún momento del primer grado el pequeño se enfermó de paperas o varicela o sarampión y al retornar a la escuela se le prohibió por una semana participar de la actividad de educación física. El profesor daba sus clases o bien en el patio de los recreos o bien en una villa que la comunidad religiosa poseía en la zona de Camet, alejada del edificio central, al norte de la ciudad, ya que todavía no se había construido el gimnasio que se inauguraría siete años después y su maestra quiso disfrutar del sol mañanero dejando a Jandri solo dentro del aula. Ese fue el momento en que aprovechó sin premeditación para convertirse en Superjandri, un defensor poderoso que luchaba contra los monstruos aterradores que lo hostigaban y no tenía opción: había que destruirlos. Los diabólicos engendros eran hábiles y se escondían disimulados en los lápices asomados en las cartucheras. Sobrevolando el campo de batalla, partía al medio y sin piedad toda bestia que se manifestaba. Como si otro tomara el control de sus acciones, el niño experimentaba una ira que jamás había sentido y no importaba si la monstruosidad era malvadamente gris de escribir o sangrientamente roja para colorear, todas debían ser exterminadas. Superjandri escudriñaba cada pupitre detectando con la precisión de un radar los coloridos y malvados personajes, los tomaba con sus fuertes manos a veces de a tres o de a cuatro al mismo tiempo y los acababa de un golpe decapitándolos sin misericordia, hasta que no quedó ni uno. Terminada la cruzada pensó que si dejaba a la vista semejante desolación de madera y grafito, su maestra y sus compañeros descubrirían su identidad secreta, entonces envolvió como pudo a los cadáveres en hojas de papel y los metió en el buche de un banco desocupado al fondo del aula.
Al regresar, varios niños comenzaron a quejarse de que no encontraban sus lápices. Cuando la maestra notó que no era uno, ni dos, ni tres, sino quince o veinte los que denunciaban las pérdidas, declaró la búsqueda y comenzó el rastreo. Al cabo de unos minutos alguien encontró la fosa común y Jandri fue proclamado culpable de inmediato. El niño lloraba gritando entre lágrimas que nada tenía que ver con aquel desastre, que alguien habría entrado a la sala sin que él se percatara y habría cometido semejante barbarie, pero nadie le creyó. Fue deshonrado frente a sus compañeros y a pesar de haber demostrado ser un excelente estudiante en los pocos meses de su primer grado, le arrebataron de la solapa gris la plateada medalla mariana ganada por su trayectoria escolar. Los padres de Jandri fueron convocados ese mismo día por la dirección, pero nunca supo qué se dijo en aquella reunión y le llamó particularmente la atención el hecho de que su papá no lo castigara, cosa habitual en él como respuesta a cualquier transgresión infantil. Notó que los adultos prefirieron callar el tema.
Con el tiempo se olvidaron de la masacre, todos menos Jandri. De aquel hecho aprendió que debía cuidar las evidencias para evitar ser descubierto y decidió ocultar su identidad hasta algún otro momento oportuno.

domingo, 20 de noviembre de 2016

viernes 17

Es viernes. Sobre el escenario "Violeta Parra" de la Plaza del Agua y apenas pasado el mediodía, dos jóvenes de no más de 17 completan alguna tarea escolar. Unas ráfagas de viento hacen volar las hojas de sus carpetas, pero no manifiestan preocupación alguna por la desaparición de sus deberes, hasta podría asegurar que lo prefieren. Aún así, uno de ellos se levanta desganado oponiendo su lenta velocidad y su peculiar caminar al inesperado movimiento del aire marplatense y alcanzando las páginas rebeldes, las pisa sujetándolas con deliberado desinterés. El otro es físicamente más grande, más robusto y hace unos instantes tenía un pañuelo rojo y blanco como vincha. La temprana tarde es fría a la sombra de los árboles pero quema a sol pleno y en el silencio de la plaza -interrumpido cada tanto por un cotorrerío que proviene de la desubicada antena- se está ideal para una siesta, de manera que, abandonando toda responsabilidad, se quita su buzo oscuro, se pone una remera sin mangas de un cian intenso, se tira boca abajo sobre el piso del escenario, entrecierra sus ojos y deja de moverse. El otro llega con sus rayadas hojas prisioneras sentándose a su lado. Hay luz casi cenital sobre la escena y puedo notar que algo pasa entre ellos. No lo demuestran abiertamente, ni siquiera los conozco, pero lo sé. No pasa mucho tiempo para que el más grande, sin cambiar su posición, acomode su brazo derecho extendido sobre las piernas también extendidas de su compañero y esta acción lo inquieta. Serio escanea con su mirada las pocas personas que se encuentran dispersas por el espacio público, me mira. A juzgar por el movimiento de su cuerpo me doy cuenta de que se siente nervioso con esa extremidad ajena sobre las suyas y tomando una regla transparente comienza a medir las distancias de las distintas partes en que se compone ese miembro amistoso: de la muñeca al codo, del codo al hombro y yo alucino con el mundo de Leonardo. Después, con una lapicera o algún instrumento de escritura, se lo marca. Mientras uno se agita inquieto el otro se deja estar. Sobre las piernas movedizas del que está sentado sigue relajado el brazo del que está acostado y así quedan en tiempo constante, cercanos, apenas tocándose, probándose adolescentemente. Pienso en la primera piel que toqué, las excitantes caricias disimuladas, el olor del amor, el miedo por los otros. Se me hace vívida aquella clase de baile de cuerpos pegados, a escondidas, donde nunca nos dijimos nada. Recuerdo otra vez aquel día de Navidad juntos en la cama (hubiera ido al fin del mundo con vos). Miro el reloj, se acerca la hora de ir a mi trabajo así que me levanto del duro asiento de madera y metal y camino rumbo al auto, mientras ellos dos se quedan eternos sobre el escenario iluminado de la plaza.

jueves, 10 de noviembre de 2016

manuscritos

Miscelánea teológica, c. 764-783
 Presupuesto de albañilería, 2016

dólares y religión

Octubre se movió hacia los afectos cercanos. Simultáneamente cobraron protagonismo personas a quienes tengo ubicadas en la frontera entre conocidos y amigos (desconozco en q límite estaré yo para ellas). Uno es el marido d una gran amiga de años, quien desapareció en medio d un escándalo financiero. Luego d dos semanas críticas cayó preso y esto recién empieza. El otro -un ex cura- reapareció luego d algunos años d distanciamiento y la otra noche, entre cervezas y picadas, le puse en palabras la atracción q me provocó cuando lo conocí. Ausencia y presencia son igualmente potentes. Los actos q ambos realicen también determinan mis acciones y con notable transparencia me he reconocido diferente, me he descubierto más libre q antes. En las aguas a las q he sido arrojado no hay sustancia q me ancle ni dependencia q me hunda, ejerzo el antipaternalismo con decidida autodeterminación y por contraste cada día se me revela con entusiasmo las formas estancadas d esta sociedad irreflexiva: materia y espíritu pueden ser igualmente una peligrosa sobrecarga.

jueves, 9 de junio de 2016

sacrilegio

Monumento al duque de Berry (detalle), mármol, 1823, Versailles, catedral de San Luis.


sábado, 20 de febrero de 2016

la sumisión del tatuaje

Un tatuaje borrado es una buena metáfora
de un divorcio matrimonial

No es novedad q mucha gente, sobre todo los jóvenes, practiquen el ejercicio del tatuaje. Lo digo así, con un sentido d acto continuo, porq pareciera no ser suficiente el tener una sola d esas marcas artificiales: grabándose la primera ya se piensa en la segunda, su diseño, su lugar corporal y más tarde la tercera o la cuarta, alcanzando en algunos casos la frontera de la dependencia. En varias oportunidades me han preguntado si me gustan los tatuajes, pero no tengo en claro si esperan una respuesta sobre el diseño d los dibujos q he visto o si estoy conforme con q la gente ponga sellos indelebles en sus cuerpos. Hay dibujos muy buenos, buenos y otros no tanto, inclusive muy malos (no puedo dejar d pensar en algunos retratos irreconciliables con la realidad aludida) y respecto a q esos diseños tengan como soporte la piel de un humano ya saben, siempre sostendré las libertades individuales, por mí q se hagan los agujeros q quieran si eso los conforma. Es sabido q -en tanto marca intencionada- es una señal para otro, lo está comunicando, su signo no es casual. Alguien bien podría tener adhesiones, digamos musicales, y no decirlo, pero un tatuaje lo dice. Hay pues, en todo tatuaje, un intento d establecer conexiones, d saberse diferenciado d algunos y acompañado por otros. Por otra parte, el concepto d marca indeleble (los procedimientos de borrado nunca son absolutamente eficaces) parece contradecir el concepto d carpe diem contemporáneo, pero me voy a centrar en otra idea q en todo caso, se yuxtapone a esta.
Esta mañana recordaba como se veían las ovejas escocesas desde la ruta, todas marcadas con llamativos colores sobre su lana: verdes, rojos, azules flúo, una mancha sobre cada una d ellas distinguible a grandes distancias. Era lógico pensar q aquellos rebaños podrían agruparse por los colores con los q estaban marcados, un equivalente a la yerra q se practica sobre el ganado. Esos signos corporales indican posesión. ¿son también los tatuajes señales d posesión? Es probable, aunque no necesariamente en ese mismo sentido. En nuestra sociedad actual no se conoce gente q marque personas en los mismos términos en q se marca a una vaca, pero un tatuaje es también una señal d posesión no propiamente a alguien (aunque también los hay) sino a una cultura particular a la q el tatuado acepta como ama. Es una mezcla d sumisión-aceptación-identificación y necesidad d pertenencia-adhesión a un particular pensamiento q puede ir desde el más banal snobismo, transitar por un amor d verano o terminar en la más reflexionada ideología o el más sentido d los afectos, pero en todo caso siempre se manifiesta como pertenencia consentida a alguna otra cosa. Ese humano marcado tiene un dueño intangible, no concreto como un hacendado y su marca señala q desea someterse a esa intangibilidad, q no es arrastrado por una fuerza externa q se lo impone a hierro y fuego. La sola idea d adhesión aquí no es suficiente. Podemos adherir a conceptos, valores, amores q se mantienen en el tiempo, forman parte y construyen nuestro universo interno, el q no pocas veces, con el desarrollo d la vida, se modifica. Para el caso d los tatuajes subyace en la adhesión el concepto d sometimiento o sumisión sustentado en tanto acto indeleble, eterno, es una sujeción para siempre. Entonces. la pregunta más relevante q me propone un tatuaje es: ¿por q alguien quisiera estar sujeto a algo para siempre? En mi universo fluctuante aún no encuentro motivo para ello.

jueves, 18 de febrero de 2016

sobre la fe



“Y que tal si la religión no es buena,
todos los domingos estaríamos haciendo enfadar más y más a dios.”
Homero Simpson


Millones de personas pertenecen a alguna religión. Entiendo q ellas adhieren a un sistema d creencias y deberes q en general se expresan públicamente en tanto q lo religioso tiene un contenido altamente social. Es llamativo descubrir la cantidad d religiones q hoy existen en el mundo como también es notable escuchar la certeza con que cada una rechaza o niega la existencia de los dioses y dogmas q no le son propios, es decir, quienes creen en algún dios poseen un acérrimo ateísmo respecto de los dioses ajenos, ostentando en ese mismo acto la posesión d la verdad y d la pureza del mundo espiritual. Yo mismo he sido parte d esa estadística hasta hace ya varios años, pero a medida q fui reflexionando sobre el mundo mi pensamiento viró hacia un claro agnosticismo: prefiero centrarme en la duda o en la innecesidad frente a la indemostrabilidad d la existencia d cualquier ser. Ninguna delegación d voluntades ha servido para el desarrollo del hombre libre y responsable d sus actos. Las iglesias dictan normas para la vida -a veces extremas, a veces acomodaticias al mundo laico- y regulan las libertades d los hombres en la mirada omnipresente d la cam divina. No faltará quien diga q no es lo mismo creer en un ser trascendente q pertenecer o adherir a una comunidad religiosa, pero yo digo q aún ellos no pueden responder con coherencia en q basan su fe, la q suele ser una especie de tenue rastro cultural q mantienen por el contexto en q han nacido mezclado con cierto rechazo a manidos actos despreciables q ejercen las instituciones religiosas. El catolicismo explica la fe principalmente como un acto d la gracia divina: tenés fe sólo si dios te la otorga. Le agrega también q aún frente a esta gratuidad, la fe debe ser buscada y anhelada por el hombre: "pero yo la he buscado, ¿cómo dios no me la va a otorgar? es obvio q me la dio como recompensa a mi búsqueda, ergo: creo". Cierta oración basada en un texto bíblico reza : "¡Creo, pero aumenta mi fe!" ¿No es hasta tautológico pedirle casi con desesperación al ser d quien parece dudarse d su existencia q le quite la duda? En fin, este camino q alguna vez he recorrido no me ha hecho más libre.

origen del término "agnóstico"

"Cuando alcancé la madurez intelectual y empecé a preguntarme a mí mismo sobre si era un ateo, un teísta o un panteísta; un materialista o un idealista; un cristiano o un librepensador; descubrí que cuanto más aprendía y reflexionaba, más alejada estaba la respuesta; hasta que, al final, llegué a la conclusión de que no tenía arte ni parte con ninguna de esas denominaciones, salvo la última. Lo único en que la mayoría de estas buenas personas estaban de acuerdo era en lo único en que discrepaba con ellos. Estaban bastante seguros de haber alcanzado cierta «gnosis»: habían, con más o menos éxito, solucionado el problema de la existencia; mientras que yo estaba bastante seguro de que no lo había logrado, y tenía una convicción bastante fuerte de que el problema era irresoluble. Y, con Hume y Kant de mi lado, no podía creerme osado en albergar rápidamente esa opinión […]

Así que reflexioné e inventé lo que concebí un título apropiado para «agnóstico». Vino a mi cabeza como provocativamente antitético del «gnóstico» de la historia de la Iglesia, quien declaraba saber mucho sobre las mismas cosas de las que yo era ignorante. […] Para mi gran satisfacción el término fue aceptado."
Thomas Henry Huxley

miércoles, 27 de enero de 2016

interés por el arte


Con mi sobrina menor hemos visitado el Museo d Arte Contemporáneo un par d veces en estas últimas semanas. En ambas oportunidades su interés se ha centrado en pasar por “Prueba de Tensión”, una obra d Luciana Lamothe y adquirida por el museo marplatense el pasado año. Las ocho o nueve veces q recorrimos las inestables tablas nos ha parecido un juego, como quien entra a un pelotero o a un inflable, como quien sube a un divertimento d equilibrio placero.

Hace unos pocos meses recorría con unos amigos el Victoria and Albert Museum cuando repentinamente, desde lo alto d un balcón interno, un actor personificando a un joven del siglo XV comenzó su acting para el público infantil q lo esperaba para iniciar su "Pop-up Performance: The Wonderfoul World of Leonardo da Vinci" (en criollo: un taller d plástica para niños motivado en los diseños del artista italiano).

Quienes siguen a los museos y galerías del mundo por twitter, facebook, instagram o cualquier otra red social habrán notado la avidez q tienen d ser visitados, colmados y hasta invadidos d día y d noche, personalmente o con un like en alguna foto y lo hacen desplegando todo tipo d actividades q van desde los clásicos talleres al retwitteo d las selfies con las obras o con los artistas.

He leído hace un tiempo algún paralelismo entre los museos y las iglesias por esa idea d q ambos son -o eran- lugares d iluminaciones concentradas sobre imágenes "auradas", donde reinaba cierto silencio respetuoso y donde se tenía la posibilidad d no entender nada d lo expresado en las obras pues la razón terminaba arrodillada ante la contemplación. Aunque en general eso ha cambiado tengo toda la sensación d q los museos siguen inspirándose en estrategias religiosas recurriendo a los más diversos intereses a ver si con alguno d ellos llenan sus templos.


lunes, 18 de enero de 2016

biyuya

Varios argentinos debaten por estos días sobre cuál sería la representación simbólica q debería establecerse en el inminente cambio d imagen del papel moneda nacional y lo hacen centrados entre iconicidades d variadas faunas autóctonas (incluyendo la humana). Algunos sostienen q la nación (presupuesto de concepto global poco definido a representar en un billete q parece coincidir en los argumentos d todos) no podría ser encarnada en el grabado d un cóndor, una ballena o un yaguareté y q esa arbitrariedad sí estaría cabalmente expresada en el rostro d un humano q integrase la categoría d "los próceres". ¿Puede el dibujo d un cóndor o d un hornero representar la nación? ¿Puede hacerlo un dibujo del rostro d Belgrano (d quien cuya única referencia mimética visual parece ser sólo una pintura al óleo d la época)? Si lo hacen, ¿lo cumplen con diferentes jerarquías? ¿con q argumentos expresan su contenido? Retorna una vez más el problema de lo simbólico: una imagen figurativa -aquella q imita objetos concretos- ¿puede representar un concepto, una idea, una abstracción? La respuesta es obvia: claro q puede, tenemos varios ejemplos a mano. Es el acuerdo social, es la arbitrariedad quien puede establecer sencillamente la conexión d la misma manera q lo hace una paloma para decir paz, o un par de colores para decir Argentina o Uruguay, o una flor, o un dibujo geográfico en un papel para referirse a alguna otra cosa. Está claro también q lo simbólico se mueve en contextos y q además el cambio q aquí se promueve no es sobre cualquier objeto, sino sobre uno del q todos nos creemos con algún derecho. Así, esta discusión, q se enmascara tras una nueva y débil guerra de las imágenes donde todos los contrincantes pertenecen al mismo bando -el d los iconolatras- se nubla proporcionalmente a la intensidad de la adscripción ideológica d los debatientes. Frente a lo dicho, vienen a mi mente los noruegos, quienes en este tema han sabido dar una respuesta más propia del mundo actual pero tan distante de nuestra exacerbada paranoia.





viernes, 15 de enero de 2016

la enredadera

Como cada verano las abejas visitan la dulce enredadera. El dulzor permanece una semana, quizá un poco más, y la visita también. En el silencio del patio aparece el zumbido y cuando llueve las hojas protegen a los insectos pues su angulación y resistencia son ideales. Las diminutas y melíferas flores desprenden por esta época pequeños fragmentos q al chocar con las hojas producen un sonido equivalente al golpeteo tenue de una llovizna, cosa q sucede sobre todo al caer la tarde, en coincidencia con el cambio d temperatura del aire. El piso se cubre así de un picado manto verdoso q rápidamente se vuelve ocre. Al principio no me había detenido en la insignificancia de esos capullos y fue la intensidad del aroma y la presencia d las abejas quienes me hicieron notar su existencia. ¿Tendrán las flores conciencia de su muerte? ¿Sabrán las abejas q un día no serán? ¿Y las piedras o el río? Bendita inconsciencia, sabia ignorancia del despreocupado q un día será sorprendido de igual manera por la respuesta final.

martes, 12 de enero de 2016

aire

El viento frota las hojas de los plátanos de la vereda produciendo un sonido q sólo con el tiempo y la atención se lo puede diferenciar del ejecutado por la lluvia. Regular, insistente, el aire invisible intenta hacerse notar y entonces mueve las cosas (sólo ciertas cosas, aquellas q se dejan mover). Así el aire es existencia en marcas q no se manifiestan con idéntica contundencia: por el movimiento de los objetos, por el sonido q a veces produce al rozarlos, porque se pasea cálido por nuestra piel, porque se delata llevando partículas de tilo en el verano, porque nos hace respirar. Hay también otra señal desapercibida por el acostumbramiento y es el modo en como vemos las cosas, desarrollado por ejemplo en el Tratado de la Pintura de Leonardo como perspectiva aérea o atmosférica; ella se evidencia en los fríos colores de la distancia y es poco experimentada por quienes vivimos en las ciudades. Sigo acostado en mi habitación, es de noche y la ventana está abierta. No veo los plátanos de la vereda y mucho menos el aire q pasa entre ellos, pero nada se me hace tan presente por sobre otra existencia.

lunes, 11 de enero de 2016

objetividad

El problema de la objetividad es q somos muchos.

En el fondo, la objetividad es aceptación del otro.

sábado, 9 de enero de 2016

el orden de las cosas

Por alguna razón no guardaría las manzanas q habré de consumir en el botiquín del baño. Por un motivo cercano a ese no acomodaría las sustancias venenosas junto a las comestibles, evitaría conducir a contramano por la calle y trataría de llegar a horario a mis citas. El orden satisface el sentido práctico orientado a la consecución d la supervivencia pero no afirmo su autoridad para todo evento. Pongo en duda el orden d lo infalible y con respecto a las ideas, altero el orden de su acomodaticio espacio, evito clavarlas a estantes perennes.

martes, 5 de enero de 2016

Tommaso

(al maestro Tommaso Cavalieri, en Roma)


"Queridísimo señor:No me hubiera causado extrañeza o admiración la profunda sospecha que se desprende de su carta de que al no escribirle le he podido olvidar, si no creyera que le he dado pruebas firmes del gran amor, mejor dicho, inconmensurable amor que le profeso. Sin embargo, el no escribir no es nada nuevo y no hay por qué asombrarse de ello, ya que lo mismo que todas las cosas van de un extremo a otro, también el escribir puede ir a menos. Además, puedo decirle a su señoría lo mismo que usted me dice a mí. Sin embargo, es posible que diga todo esto para tentarme o para que se encienda en mí de nuevo un fuego aún mayor. Sea lo que sea, estoy muy cierto de que no podré nunca olvidar su nombre lo mismo que no puedo olvidarme de que tengo que comer. Más aún, es más fácil que olvide la comida, que solamente alimenta mi desdichado cuerpo, que su nombre, el cual me alimenta cuerpo y alma. Él llena a ambos con tal dulzura que no siento ni dolor ni miedo a la muerte mientras permanece en mi memoria. piense cuál sería mi estado si también el ojo pudiese participar de ella."


Miguel Ángel Buonarroti, 28 de julio de 1533




(para Tommaso Cavalieri)

"Ya sabes que sé, dueño mío; ya sabes
que he venido a gozarte más de cerca;
ya sabes que sé que sabes que soy yo, entonces,
¿por qué aplazar más tiempo el encuentro?

Si la esperanza que me diste es cierta
y cierto el buen deseo que me has concedido,
deja que caiga el muro alzado entre los dos,
pues la fuerza crece con el íntimo infortunio.

Si yo en ti sólo amo, caro dueño mío,
lo que más tú amas en mí, no te enfades
si un espíritu está enamorado del otro.

Lo que en tu hermosa cara ansío y aprendo
la humana inteligencia apenas presiente:
necesaria es la muerte del que quiera verte"


Miguel Ángel Buonarroti, 1532




sábado, 2 de enero de 2016

vigilia

El hecho de fluctuar no lo hace inseguro, más bien lo hace flexible y ya sabemos q la flexibilidad es menos propensa a los quiebres. Suele vérselo reflexivo recostado sobre una mediana balsa, mirando al cielo en silencio. Toca el agua con la yema de sus dedos y las estrellas con el deseo. Aun sabiendo q no está solo no imagina otras balsas cercanas. Contra toda ciencia sabe q es más probable q se eleve en el aire a q se hunda. Intenta recordar cuándo empezó todo y la respuesta a esto parece ser siempre, aunque en honor a la verdad ninguna de sus respuestas es definitiva. Fluye, no huye, flota sereno en algún líquido, oscila oceánico en un río interminable, repasa las rutas andadas, abandona ideas, regresa en vivencias, deviene demoledor y arquitecto del orbe y todo sucede en permanente disolución. Vive una vigilia profunda y no sabe por q regresas.

domingo, 27 de diciembre de 2015

para un lavado más eficiente elija el tipo de programa más adecuado

Voy a lavar las sábanas con el programa más largo y a 70ºC. Usaré doble ración de jabón en polvo y una medida del líquido dentro del tambor del lavarropas. Agregaré una medida de lavandina y en el compartimento lindero dos medidas y media de suavizante aromatizado. El manual dice que todo el proceso dura 2 hs. 5 min. incluyendo el centrifugado largo. Luego las tenderé a plano sol (particularmente hoy está radiante desde las 9 de la mañana). Nunca plancho las sábanas y a éstas tampoco las plancharé ya que si lo hiciera se destacarían de las demás. Las pondré mezcladas entre las otras blancas en el cajón del armario. Estoy seguro de que todo esto será suficiente para olvidar tu olor.

jueves, 20 de agosto de 2015

sin títulos

acrílico y papel felpa sobre tela

arte y conocimiento




"Afirmar el carácter cognitivo del arte quiere decir no sólo conceder al arte algo que, en el fondo, le interesa poco, sino también desplazar hacia sus ámbitos problemas que le son extraños: la filosofía acaba por encontrar en el arte nada más que a ella misma. En las estéticas de orientación cognitiva, la filosofía no realiza el esfuerzo de comprender algo que no sea ella misma, sino que es ella misma lo que investiga y encuentra. La autorreferencialidad y la circularidad parecen constituir su subrepticio presupuesto, Mientras hablan de otro asunto, no hacen sino hablar de sí, porque, en el fondo, consideran que el auténtico conocimiento radica en el autoconocimiento. De ello deriva que la verdad de las artes no reside en ellas mismas, sino en la filosofía a la que le toca el turno de interpretarlas; así, el pensamiento filosófico se convierte en portador de una verdad a la que el arte no llega por sí solo o, al menos, de la que no puede ser plenamente consciente sin la ayuda de la filosofía. Tras la apariencia de una celebración se acaba, por tanto, poniendo en evidencia una carencia."

Mario Perniola, La estética del siglo veinte

lunes, 17 de agosto de 2015

cortesía medieval

Un gorro puede indicar mucho. Tenerlo puesto o no, a eso me refiero. Expondré algunas experiencias vividas sin estricto orden cronológico de los sucesos.

Verano marplatense
Era yo un joven practicante de mi formación docente y encontré trabajo temporal en la entonces Colonia de Vacaciones “Alfonsina Storni”. Ese lugar contribuía a que muchos chicos del país -en general de escasos recursos- pudieran pasar unas cortas vacaciones de verano en la codiciada Mar del Plata de fines de los ochenta. Almorzábamos distendidos con un grupo de pequeños turistas de unos 9 ó 10 años cuando de entre el olor de la comida irrumpió una mujer a quien recuerdo oscura (nunca supe bien qué cargo tenía, por sus movimientos parecía ser la encargada de la organización de las mesas durante las comidas). Con una cruela cara de vil increpó a uno de los chicos del grupo a mi cargo por tener puesta una gorrita playera. Le ladró para que se la quitara. Me interpuse y le pregunté por qué debía hacerlo. Aludió a que era una falta de respeto tenerla puesta cuando estaba sentado a la mesa. Le pregunté a quién le faltaba el respeto. Se puso aún más nerviosa y no pudo contestar. El niño -cuyo nombre hoy no recuerdo- me miró con sus ojos miedosos y su mano en la visera de la gorra, como preguntándome qué hacía. Le dije que si quería se la dejara puesta. La mujer se fue odiada.

Religiones
Andaba por Siena durante el invierno europeo y al entrar a la Basílica de Santo Domingo un italiano me gritó que me quitara el gorro pues ofendía a dios. Pocos días después entraba a una sinagoga en la ciudad de Firenze y con amabilidad otro italiano me pedía que no me quitara el gorro para no ofender a dios.

Director arroyante
Mi formación docente estaba orientada por entonces a la educación artística y mi profesora de práctica me asignó la observación de clases en un colegio secundario de la zona centro de la ciudad. Al ingresar al edificio me detuvo un hombre a quien recuerdo tirano y con esa necesidad que tienen los mandones de hacer notar rápidamente su puesto me impuso que no entraría a su escuela si no me quitaba el gorro. Nunca dio explicaciones. Juré que nunca más pisaría esa escuela y he cumplido mi promesa. Después supe que se trataba del ahora postulado a intendente de la ciudad de Mar del Plata.

Habemus Huber directora
Año 2000. Invierno de bajas temperaturas en la ciudad al punto de ser noticia en los medios masivos de comunicación. Yo, como siempre, pelado. Podría exponer la obvia relación entre “cabeza de hombre pelado”, “bajas temperaturas” y “gorro de lana”, pero temo que ustedes, queridos lectores, se sientan subestimados ante semejante imprudencia; aun así quiero revelarles que en aquel momento lo tuve que hacer dado que esa efímera directora de la escuela primaria donde trabajaba me acusaba de faltar el respeto (¡y dale!) por tener un gorro de lana puesto mientras dialogaba con la madre de un alumno a las puertas del colegio. Nuevamente interpuse la pregunta sobre el destinatario de la falta de respeto y una vez más la respuesta ausente.

Yo creo que a esta gente le falta un poco de cap. 1 de iconología de Panofsky.


domingo, 26 de abril de 2015

dios sigue vivo

La gente cree en dios fundamentalmente porque esa creencia sostiene estructuras culturales y afectivas que, de derrumbarse, la mayoría no sabría qué hacer. Así, la fe es una consecuencia cuya causa es el terror que se padecería por el abandono proteccionista de algo o alguien que le dice a la humanidad qué se debe hacer tanto en arte, ciencia y moral, pensamiento y acto, vida y muerte, pero también es una consecuencia por el miedo al abandono afectivo de quienes amamos, a la pérdida de pertenencia de grupos. Ese paternalismo patológico ha calado tan profundamente en la sociedad que se ha tornado natural. La fe de los niños no se diferencia de la fantasía de los cuentos de hadas o de papá noel, pero en los adultos no puede explicarse de otra manera que como un acto de la voluntad de la negación de la libertad. El mundo mira con bondad a quien afirma creer en dios - "un ser supremo, distinto del mundo y creador del mundo" - aún cuando esa afirmación no se vea reflejada en sus actos y sólo sea parafernalia ideológica, pero sospecha de quien lo ignora o lo niega en favor de la libertad humana.

domingo, 8 de marzo de 2015

cada vez más lejos de los ritos humanos

una vez más asistí a un casamiento religioso, pongámosle, por trabajo. iglesia católicamente iconólatra. hombre traje, mujer lentejuela. pompa y circunstancia. calor top, ventiladores a cuatro esquinas. fotógrafo cool borcego y boina que nunca se sacó. cura capa pluvial, tono de autoconvencimiento: "el amor es esto y esto, pero no esto y esto", asegurando una vez más el discurso chip programado intercalado por la regular muletilla de "digo" como tantos periodistas y panelistas opinólogos de la tele. foto, foto, foto. celular foto. anillos avemaríaschubert senza emozione. san benedetto plegarias. niña blanca ramo, velas y alfombra roja. coro negro hallelujahhändel. no voy a la fiesta, pero puedo imaginar la torta.

sábado, 24 de enero de 2015

tengo pruebas pero tengo dudas

He visto crecer todas las plantas de mi patio, absolutamente todas. Con el tiempo he comprobado que algunas de ellas prefieren ciertos lugares por sobre otros, ya sea porque el sol no les da de lleno o porque sí, porque ciertos espacios son más húmedos, o bien porque están protegidas de los vientos más fuertes. He corroborado que algunas crecen más alto de lo esperado por mi escasa información botánica o que florecen en épocas diferentes a las que veo de su misma especie en los viveros de la ciudad. He multiplicado varias de ellas y conozco los tiempos en que esto es más viable, pero aunque la gran mayoría se han desarrollado sin inconvenientes, no he podido dejar de sentirme responsable del fracaso de la vida de pocas. Ayer cinco jóvenes gajos han sido puestos nuevamente a prueba por mis manos jardineras. Los he tratado como siempre, con la máxima dulzura y no paro de verlos cada tanto, como quien mira dormir a un bebé. Tomo todos los recaudos necesarios para que avance su crecimiento natural y aunque tengo pruebas de que lo más factible es que se desarrollen firmes y seguros, tengo dudas de que todos lo hagan.

Podría haber concluido con un "no tengo pruebas pero no tengo dudas" de que al menos cuatro de los cinco gajos crezcan, basándome en la confianza en mi estadística de vida sobre la multiplicación de ciertas plantas, aún sin tener las pruebas de ello -ya que hay aquí gajos que nunca multipliqué- pero me resulta irracional y soberbio erigirme infalible sobre la veracidad de un argumento que no puedo comprobar.

viernes, 23 de enero de 2015

dinosaurios vivos

Nunca más patente la mentira
Iniquidad del poder
Soledad de un hombre, soledad de la república
Manifiesto del terrorismo de estado
Argentina montonera
No creo en tu nunca más

jueves, 22 de enero de 2015

ciudadano común

A tus gritos les opongo mi argumento, a tu frenético devenir lo enfrento con mi pausa, a tu cemento, mi verde. No creo en tus palabras, te comportás con excesiva contradicción. Aplaudís líderes que te hablan de la libertad exigiendo que te digan qué tenés que hacer. Creés que dios habla y también creés lo que dicen que dice. Conozco tu desprecio por los espacios compartidos. Veo tu libro de moral en la hoguera de tu cerebro. Sos el pasado intentando continuar, sos básico.

miércoles, 14 de enero de 2015

el lugar de los sueños

Tengo en la memoria el recuerdo de pocos sueños sucedidos en el decurso de dormires provocados tanto por el natural llamado de mi cuerpo como por el uso de algún fármaco. Hay ahí un mundo que no puedo terminar de objetivar y su evocación me evita. Tengo la percepción de que los sucesos acaecidos en ese universo impactan sobre mí del mismo modo que los que suceden en el mundo al que llamamos real. De más niño que ahora me aterraba la idea de encontrarme en medio de un campo de guerra y ahí estaba en mis sueños, entre árboles, con bombas estallando por doquier y entonces despertaba aterrado. Viví la increíble experiencia de volar en el cielo de mi barrio sólo con el esfuerzo físico del movimiento de mis brazos y recuerdo tanto el hecho del vuelo como el de la energía que debía ejercer sobre mi cuerpo para no caer. Experimenté el ahogo de despertar queriendo gritar con desesperación y darme cuenta de que mi garganta orgánica se revelaba inmóvil. He sentido la excitación del sueño erótico y no ha sido inferior a la de este mundo. ¿En qué lugar sucede todo eso? ¿Dónde continúa esa otra vida de la que soy protagonista sin reconocerme del todo?

lunes, 5 de enero de 2015

picoteando uvas pintadas

"—Fíjate ahora en lo que voy a decir. ¿Qué es lo que se propone la pintura? ¿Es representar lo que es, tal como es, o lo que parece, tal como parece? La pintura ¿es la imitación de la apariencia o de la realidad?
—De la apariencia.
—El arte de imitar está, por consiguiente, muy distante de lo verdadero, y si ejecuta tantas cosas, es porque no toma sino una pequeña parte de cada una; y aún esta pequeña parte no es más que un fantasma. El pintor, por ejemplo, nos representará un zapatero, un carpintero o cualquiera otro artesano, sin conocer nada estos oficios. A pesar de esto, si es un excelente pintor, alucinará a los niños y al vulgo ignorante, mostrándoles de lejos el carpintero que haya pintado, de suerte que tomarán la imitación por la verdad."



Platón
extracto de La República, libro X

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Jandri

Jandri vive una vida construida por él mismo y su circunstancia y esa construcción parece alejarlo de la posibilidad de tener un compañero. Contrario a su deseo, se encuentra demasiadas veces detenido a las puertas del infierno perdiendo toda esperanza. Su estabilidad es rectitud de conducta. Es duro, pero una buena persona. Se considera inteligente y no cree pecar de orgullo en eso. Es obsesivamente respetuoso de los espacios compartidos y eso lo deja fuera del gran porcentaje de los que viven en su país, acostumbrados a destruir lo público con la máxima indolencia. No le ha faltado sexo y la gran mayoría de las veces lo ha disfrutado, pero hablo de otra cosa, ustedes me entienden. Ama a la naturaleza y respeta tanto animales como plantas y rocas, pero como se ha peleado con la mitad de sus vecinos porque está harto de que sus mascotas le caguen y meen la vereda de su casa, ellos piensan que odia a los perros, cuando en realidad él cree que la mayoría de la gente que tiene animales los enjaula en sus casas cementadas de dos por dos, despojándolos de su libertad. “La gente no entiende nada, la gente es extremadamente pelotuda”.
De pequeño y como producto de su cultura, Jandri ha vivido sumergido en una turbia conciencia religiosa, pero ha descubierto con el tiempo que lo que en realidad le atraía de aquellas aguas eran los valores de respeto por la humanidad que esa devoción defendía. Antes de ahogarse abandonó la barca católica, sobre todo porque los católicos siempre odiaron a los homosexuales. Hace tiempo que Jandri se ocupa más sobre la existencia del hombre que sobre la existencia de dios y considera que las personas que viven según esas reveladas normas divinas terminan perdiendo libertad de conciencia. Todo esto lo ha alejado en parte también de alguna amistad, un poco por puto y otro por volverse casi ateo. Ahora anda más seguro fluctuando arriba de una balsa improvisada.
Como a todos, no le gusta cualquier música. Inclinado hacia la llamada música académica también acepta otras posibilidades sonoras mientras cumplan, al menos, con la norma de afinación si la pieza lo amerita. Hay canciones que lo han emocionado hasta las lágrimas y sonidos que le han agrandado alma y cerebro. Le aburren o le molestan enormemente los diálogos obvios, los que agotan su contenido en la función de contacto comunicacional y los que se interrumpen antes de exponer su pensamiento. Considera la tardanza de las personas como una falta de respeto. Se acuerda de algunos pocos cumpleaños con precisión. El tema del tiempo es algo que no termina de resolver y se pregunta sobre la linealidad, la circularidad, la simultaneidad, el devenir, la muerte.


Jandri –que sabe que escribo sobre él- me pregunta qué tanto mis palabras equivaldrían a su persona, al mundo que ha construido. Él cree que lo que suele conocerse como realidad rara vez encaja correctamente en el molde del lenguaje verbal y cuando encaja con relativa precisión, “hay que ver cómo queda, depende de quién lo desmolde”. Piensa que las personas en general suponen que los lenguajes están para decir el mundo, pero terminan hablando más de sí mismas -y como la televisión- se han vuelto mayoritariamente autorreferenciales. “Posiblemente eso es así –dice sin absoluta certeza- porque sólo conocemos el mundo que construimos, ese es el único del que podemos referenciarnos”. Entonces me pregunta si un retrato, por ejemplo una pintura, no hablaría más de la persona que la pintó que del retratado y si acaso no sucedería lo mismo con mis palabras. Tal vez sea mejor callarse un rato.

sábado, 20 de diciembre de 2014

"la travesti"

Era una mujer con una mandíbula angulosamente masculina pero, como los travestis en general, le rompió el culo al macho. Ellos se conocían desde la época de gloria y nunca desmintieron que hacían ménage à trois con la ex de él. La cuestión es que "la travesti" se le pegó en un momento de flaqueo, en medio de la separación matrimonial. Él dice que se la cogió seis o siete veces en el poco tiempo que duró la relación, pero fue suficiente para que quedara embarazada. Ahora va por lo suyo. El nacimiento de la beba provocó el alejamiento definitivo de él, pero no se le iba a escapar tan fácil. Ella le metió un recurso legal por el reconocimiento de la hija, la heredera más joven. Él, para calmar las aguas en medio de semejante maremoto, se le acercó nuevamente, le regaló un 0 km y hasta la invitó junto con sus padres a la cena de fin de año en el hotel de la discordia. Total, qué son ciento cincuenta lucas y un poco de teatro cuando están en juego medio palo verde. Ella en la puta vida preparó un huevo frito, pero para qué quiere aprender a cocinar si igual se va a quedar con parte de la torta.

aquellos acontecimientos

Mariqueta rara vez venía al hotel de la discordia. Ese día llegó sin avisar con todos los tics juntos: se levantaba las tetas con la parte interna de las muñecas sin tocarlas con las manos, guiñaba arrítmicamente ambos ojos como quien tiene una basurita apostada para siempre, sonreía y dejaba de hacerlo como si se le saltaran los broches del rictus de la simpatía (ahora se puso los hilos de oro) y caminaba levantando el culo como podía en el trayecto verde del parque del hotel sobre sus tacoaguja. Todo eso en el metro sesenta y tres hasta donde la naturaleza la había estirado. Del Mercedes bajaron con ella sus dos hijos más chicos y la niñera, una mujer sencilla y oscura, acostumbrada ya a la falta de respeto de Puquitas y Belina, esos pendejos nacidos durante el segundo matrimonio que se notan carne de diván desde sus escasos cinco y seis años. Los empleados del hotel comenzaron a temblar. Sabían que estaban cumpliendo con sus tareas correctamente, pero conocían también que aquella mujer reaccionaba a los fármacos y al alcohol de maneras muy diversas. Y así fue, de las diez personas quedaron afuera cuatro. La muy turra aprovechaba que casi no había huéspedes y que a sus empleados los mantenía en negro, así que de patitas a la calle y sin chistar, agarre sus cosas y fuera. ¿Explicaciones? No tengo por qué darlas. Acto seguido miró a su cuñado, quien por entonces gerenciaba el hotel y le dijo sonriente: -Vamos, acompañame a juntar unos yuyos. Deciles también a Piqui y a Pepi que vengan. El hombre miró a sus empleados -ahora ex empleados- sin poder emitir sonido; fue a buscar unas tijeras y a sus dos hijos, quienes estaban vacacionando unos días con él, alejados de su madre. Todos se subieron al auto con Mariqueta: el cuñado, los cuatro chicos y la niñera. El sol cordobés de las tres de la tarde de enero se padece si no se está a la sombra de un árbol o en la frescura de algún río y ese hombre sabía que iba a ser una tarde transpirable. Como a las dos horas regresaron cargados de ramas y plantas serranas. El gerente las descargó del auto y las llevó a la amplia cocina mientras Mariqueta, con unos aerosoles plateados, dorados, rojos, verdes, amarillos y anaranjados, pulverizaba aquella naturaleza arrebatada que por muchos meses se mostraría en unos ásperos jarrones blancos sobre las mesas y hogares de las habitaciones del hotel. -¡Ya se va! ¡Ya se va!- alertó agitadamente una de las mucamas. Los cinco empleados y el gerente vieron cómo la dueña del hotel, después de cumplir con su limpieza Reiki, se subía al Mercedes y se alejaba. Los seis, aunque no lo comentaron, pensaron que ese día no les había tocado a ellos. Entonces cada uno volvió a su tarea.

salón provincial de santa fe

Museo Provincial de Bellas Artes "R. Galisteo de Rodríguez"

sombra

video

¿es posible establecer niveles de realidad entre, por ejemplo, la sombra de un objeto sobre esa pared,  los objetos asociados a esa sombra, la razón o causa de existencia de ellos, la acción que viví y grabé con mi cámara aquel día en el patio de mi casa, la grabación que hoy estás viendo? ¿hay algo más o menos real?
¿qué cosa ha hecho que mi mente se detenga en la oscuridad de la sombra y no vea la móvil claridad de la pared?

valor del trabajo

Era verano, en el ingreso al balneario San Sebastián de Mar del Plata. El público se arrojaba desesperadamente sobre la promotora que regalaba pequeños paquetes de yerba mate. La cultura argentina tradicional de clase media-media durante la segunda mitad del siglo XX  y primeros años del siglo XXI otorgaba al trabajo un valor de dignidad contradictoria y hacían que esos mates compartidos con aquel producto adquirido de la gratuidad publicitaria fueran disfrutados con un sabor diferente al obtenido como producto del trabajo personal.


La antigua pregunta ¿qué valor tiene el trabajo de muchos para el mantenimiento ocioso de unos pocos? ha mutado en nuestros días a ¿qué valor tiene el trabajo de muchos para el sostenimiento ocioso de otros muchos?

#TengoUnVecino

Cuando comienzan los días de primavera, cada sábado, a media mañana, unos vecinos que tienen su casa frente a la mía deciden que toda la cuadra debe escuchar la música que ellos parecen disfrutar. Y así sistemáticamente hasta pasado el mediodía, cada año. Hace menos de diez días, bajo el hashtag #TengoUnVecino, yo descubría q una gran cantidad de personas que escribían en twitter hacían alusión a esa condena de tener, casi por cuadra, un dj ad honorem.

viernes, 19 de diciembre de 2014

meteorología dos

Hacía tiempo que no tomaba un taxi, pero el accidente que protagonicé con un amigo el mes de agosto pasado hizo que volviera a ese servicio de transporte público por algunos días, ya sea por la lluvia, ya sea por el apuro. No suelo hablar temprano por la mañana, la verdad es que me gusta el silencio y al subir a esos taxis pensaba cuántas cuadras tardaría el chofer antes de un “¡Pero qué clima! ¡Parece que lloverá todo el día!” “¡Estamos en octubre, pero parece invierno, no se puede creer el frío que está haciendo!”. Estas afirmaciones latían a la espera de un veredicto que las confirme, pero mi silencio como respuesta a esos irrelevantes argumentos las extinguió.

jueves, 18 de diciembre de 2014

sobre la educación argentina de estos tiempos

Hace dos días salimos a pasear con mi sobrina y una amiga suya por la calle Güemes de Mar del Plata. Acomodados sobre un pedazo de asfalto verde, unas sillas plegables de madera oscura, heladito en mano y a la vera de la transitada calle comercial, nos alertó una caravana que se acercaba meta bocinazos. Intentamos deducir el motivo del bullicio y rápidamente descartamos la despedida de solteros, nos pareció que las seis de la tarde era temprano para ese rito. Cuando finalmente la sonora procesión pasó frente a nosotros descubrimos a una chica embadurnada sentada en el baúl del auto, puerta abierta, piernas colgando, que llevaba feliz un cartel que rezaba: “me recibí, soy kinesióloga”. No evitamos las risas. Tampoco era para tanto. ¿Kinesióloga? Si hubiese sido abogada, médica o física nuclear, todavía, pero kinesióloga no da. Entonces pregunté: “¿y si hubiese escrito ‘me recibí, soy maestra’?” Los tres estallamos en carcajadas.
Cuatro días después y en la búsqueda de un presente para un querido hijo de mi amiga Marita, la escena se recreó nuevamente por la misma calle. Esta vez eran al menos unos cinco autos que desfilaron durante el transcurso de una hora con sus perlas egresadas dentro de las metálicas conchas móviles, secundadas por una escasa pero molesta guardia de bocinazos. Las jóvenes –siempre eran chicas- gritaban desaforadamente; por momentos se detenían y bajaban de sus carrozas para saludarse entre ellas. Desquiciadas, chorreando vaya a saberse qué mezcla gourmet sobre sus ropas, cabello y rostros, proferían interminables “¡me recibí, locooo, la puta que te parió! Me detuve unos segundos para leer sus carteles. Uno decía, colorido: “Soy jardinera”.

“¿Sos docente? Entonces no te quejés de tu sueldo, lo tuyo es pura vocación“   -le respondió enojado ese periodista a una panelista invitada a su programa durante el último paro de educadores de la provincia de Buenos Aires, con el convencimiento de enunciar una verdad incontrastable.

meteorología uno

Alguna vez pensé en calcular el espacio que le dedican los noticieros televisivos al estado del clima. Creo no equivocarme cuando intuyo q varios de ellos le destinan no menos de una quinta parte de su tiempo de programación. Mapas satelitales interactivos de todos los colores, atractivas escenografías digitales, personajes carismáticos dando información con una certeza similar a las predicciones de un horóscopo.

Mientras tanto en la escuela para niños, si hay sol, dibujamos una carita feliz, pero si llueve, dibujamos una nubecita tristona.

lo público uno

Mi afección a los espacios verdes unido a cierto sentido estético me ha llevado a cultivar un par de pequeños rectángulos verdepasto en la vereda de mi casa. Su mantenimiento demanda esfuerzo y pocas veces están como a mí me gusta, considerando que esas pequeñas geometrías están ubicadas, como es obvio, a merced de los humores públicos y aunque no son saqueadas mayoritariamente por el paso de la gente (hay también una parte de vereda cementada) por alguna razón quienes tienen perros en el barrio –y no son pocos los que cumplen esa condición- interpretan que yo he fundado en la zona un pulcro inodoro para sus canes.

el mundo

No me interesa caerte bien. No lamento que te incomoden algunas de mis palabras. Soy finalmente el resultado del mundo que ayudas a sostener.