miércoles, 11 de enero de 2017

redundancia

Lo diré sin anestesia: me aburren las personas cuando centran su comunicación en la vida de sus hijos. La mayoría de mis amigos y conocidos lo hacen y ellos seguramente no se dan cuenta de ninguna de las dos cosas, ni de que monologan en exceso sobre sus herederos ni de que me cansan cuando lo hacen. Trato de escucharlos porque entiendo que para ellos eso es importante (no sus hijos -quienes son naturalmente importantes- sino el hablar redundantemente sobre ellos) y no es que peque de falso sino más bien de empático, pero en verdad me agotan.

Redunda el mar en su oleaje, el día en su nacer, la noche en su caer, el finito tic tac del corazón y el ritmo de tu respiración; repite la semilla su origen, la migración de ciertas aves, el hambre y el sueño. La naturaleza redunda afectuosamente reiterando ofrendas gratuitas en sus actos. Ojalá mis redundancias sean pocas o al menos te den argumentos de libertad.

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