domingo, 26 de abril de 2015

dios sigue vivo

La gente cree en dios fundamentalmente porque esa creencia sostiene estructuras culturales y afectivas que, de derrumbarse, la mayoría no sabría qué hacer. Así, la fe es una consecuencia cuya causa es el terror que se padecería por el abandono proteccionista de algo o alguien que le dice a la humanidad qué se debe hacer tanto en arte, ciencia y moral, pensamiento y acto, vida y muerte, pero también es una consecuencia por el miedo al abandono afectivo de quienes amamos, a la pérdida de pertenencia de grupos. Ese paternalismo patológico ha calado tan profundamente en la sociedad que se ha tornado natural. La fe de los niños no se diferencia de la fantasía de los cuentos de hadas o de papá noel, pero en los adultos no puede explicarse de otra manera que como un acto de la voluntad de la negación de la libertad. El mundo mira con bondad a quien afirma creer en dios - "un ser supremo, distinto del mundo y creador del mundo" - aún cuando esa afirmación no se vea reflejada en sus actos y sólo sea parafernalia ideológica, pero sospecha de quien lo ignora o lo niega en favor de la libertad humana.

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