sábado, 24 de enero de 2015

tengo pruebas pero tengo dudas

He visto crecer todas las plantas de mi patio, absolutamente todas. Con el tiempo he comprobado que algunas de ellas prefieren ciertos lugares por sobre otros, ya sea porque el sol no les da de lleno o porque sí, porque ciertos espacios son más húmedos, o bien porque están protegidas de los vientos más fuertes. He corroborado que algunas crecen más alto de lo esperado por mi escasa información botánica o que florecen en épocas diferentes a las que veo de su misma especie en los viveros de la ciudad. He multiplicado varias de ellas y conozco los tiempos en que esto es más viable, pero aunque la gran mayoría se han desarrollado sin inconvenientes, no he podido dejar de sentirme responsable del fracaso de la vida de pocas. Ayer cinco jóvenes gajos han sido puestos nuevamente a prueba por mis manos jardineras. Los he tratado como siempre, con la máxima dulzura y no paro de verlos cada tanto, como quien mira dormir a un bebé. Tomo todos los recaudos necesarios para que avance su crecimiento natural y aunque tengo pruebas de que lo más factible es que se desarrollen firmes y seguros, tengo dudas de que todos lo hagan.

Podría haber concluido con un "no tengo pruebas pero no tengo dudas" de que al menos cuatro de los cinco gajos crezcan, basándome en la confianza en mi estadística de vida sobre la multiplicación de ciertas plantas, aún sin tener las pruebas de ello -ya que hay aquí gajos que nunca multipliqué- pero me resulta irracional y soberbio erigirme infalible sobre la veracidad de un argumento que no puedo comprobar.

Alejandro Zoratti Calvi

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